Duele.
Duele que te vayas y no voltees a decir adiós. Duele que te lleves todos mis sueños y los dejes caer en el camino. Duele que te lleves la sonrisa que te regalé y ya no pueda verla de nuevo. Duele que ahora sí pueda llorar. Duele saber que algún día serás feliz y no conmigo. Duele ver que todo fue mi culpa.
Una loca realidad no bastó para definir nuestra aventura, sino, más bien, para enmarcarla y darle sentido a lo que fue hermoso y no existe más. Felices siempre que estemos juntos. Una frase que no existió porque no pude cumplir con hacerte feliz. El mismo día que me decías que era el mejor y no podías ser más feliz, te llevabas todo contigo por un error y por esa maldad que no puedo borrar. El mismo día que soñaba con ser tu esposo por milésima vez, me convertí en nada.
Duele alzar mi mano y ya no encontrarte. Duele seguir oyendo tu voz en mi mente. Duele extrañar tus brazos. Duele saber que te veré y lloraré de nuevo. Duele causar todo.
Princesa de aquel cuento donde el sapo nunca dejó de serlo. Adiós.